Obesidad infantil - Diagnóstico
La detección de un sobrepeso es una tarea simple, basta con echar un vistazo periódicamente a la báscula y estar atentos a lo que se entiende como peso normal según edad, altura o constitución física. El problema surge cuando este sobrepeso se hace habitual o tiende a aumentar sin que se aprecie la posibilidad de revertir la situación de forma natural. Es entonces cuando la familia debe tomar cartas en el asunto y acudir a un especialista.
Ante la mínima sospecha de que pueda surgir alguna complicación metabólica hay que acudir al médico, o bien al dietista. En cualquier caso, el profesional deberá valorar de forma integral los hábitos de vida del niño, su ritmo y nivel de actividad física y la conducta alimentaria que sigue. Pero también deberá informarse acerca de la forma de cocinar, del tipo de alimentos, de las cantidades que acostumbra a comer el niño, del orden en las comidas (desayunos, almuerzos, meriendas) y de los horarios.
Aunque esta información resulta esencial, ni es la única ni tampoco la más importante que se debe identificar: la obesidad infantil es el resultado de una ecuación compleja en la que intervienen factores genéticos, ambientales, socioeconómicos y, sin duda, psicológicos. Todo ello forma parte de la costumbre familiar y de la relación que mantiene el niño (también los padres) con la comida. Es imprescindible, por ello, la compañía de los progenitores en la consulta dietética para resolver las dudas que tenga el niño sobre las cuestiones que le pueda plantear el dietista o el médico relativas a su alimentación.
El diagnóstico del sobrepeso o de la obesidad es sencillo y rápido, ya que los datos antropométricos (peso, talla y perímetros de cintura, cadera, muslo y brazo) se comparan con los establecidos para la población infantil. Con ellos se marca la diferencia entre sobrepeso y obesidad. Pese a que la obesidad representa un mayor riesgo para la salud del niño, no hay que dejar en un segundo plano el sobrepeso. Este trastorno también precisa ser tratado con seriedad desde los primeros años de vida. Es ahí donde, precisamente, radica la dificultad: en conocer el origen que ha llevado a que el niño aumente de peso.
No hay que perder de vista la condición genética del menor. Sin embargo, en la mayoría de los casos el exceso de peso responde más a desequilibrios nutricionales y a que no se consumen las suficientes energías. De cualquier modo, el problema del sobrepeso se transformará en una constante en el niño si la familia al completo no se implica en un cambio hacia unos hábitos de vida y alimentarios más saludables.